lunes, 2 de octubre de 2017

Para escribir cuando no estés.

Para escribir cuando no estés es mi primera antología de relatos, basada en “el arte del olvido, el dolor y la escritura como punto de fuga”, publicada con Editorial Donbuk el día 29 de septiembre de 2017 y que incluye un precioso prólogo escrito por Manuel Espejo Jurado, autor de Sabes que... La tienda de zapatos.

Sinopsis:
«Sabía que algún día te irías mucho antes de que te fueras. No eres alguien más, has sido, eres y serás el todo, la unión de todas las personas que pasaron por mi vida dejando huella en mi alma: mi abuelo, mi amigo búlgaro, mi primo, mi madre… Eres todos ellos y a la vez no eres nadie, porque ya no estás, porque no volverás a estar.
Te escribiré un poema asesino, pelearé con mi conciencia para aprender a predicar mi vulnerabilidad, te mataré en mis escritos, llegará la Navidad, el frío, y no volverás.

Por todo esto este libro te pertenece y es para ti, seas tú o seas otra persona, porque, al final, tanto yo como todos los escritores del mundo, algún día tendremos que aprender no a desenfrenar nuestra pluma y caminar, sino a escribir cuando no estés.»



Esta antología de relatos no nació por casualidad. Cuando era simplemente un proyecto de escritor, mis ideas tenían forma de novelas, hasta descubrí que García Márquez era mucho más que 100 años de soledad y Crónica de una muerte anunciada, por nombrar dos de sus obras, sino que, además, escribía relatos cortos de una calidad asombrosa, como Diálogo del espejo o El ahogado más hermoso del mundo. Con él conocí también al que me gusta llamar el maestro entre los maestros, Jorge Luís Borges, y relatos tan increíbles como Tigres azules o, por supuesto, su “ópera prima”, El Aleph. Podría enumerar una cantidad indecente de relatos que, para mí, son obligatorios casi, pero me voy intentaré ser breve, pues Hemingway es importantísimo con La capital del mundo y Un lugar limpio y bien iluminado, Raymond Carver, con Diles a las mujeres que nos vamos y La calma, Kafka con La condena, Julio Cortázar con La noche boca arriba. Vladimir Nabokov, James Joyce, Edgar Allan Poe, Ray Bradbury… autores que conocemos, normalmente por sus novelas y que, en realidad, eran artistas, también, del relato breve. Entre el estudio de todos estos autores me encontré escribiendo relatos y, un día, decidí que mis relatos estaban muy solos y que, quizás, sería buena idea juntarlos con una bonita portada y una sinopsis elegante en la contraportada.

El primer relato que yo escribí, de forma oficial, fue El café de pellejito y por eso es el que abre Para escribir cuando no estés. Este cuentito nació en el seno del Máster de Escritura Creativa, en una asignatura dedicada exclusivamente a los relatistas norteamericanos del siglo XX. Teníamos que subir los relatos a un blog colaborativo en el que el profesor nos iba a valorar y ninguno de mis compañeros se decidía a inaugurarlo, así que decidí ser yo el que lo hiciera. Tenía ganas. El café de pellejito habla de un nieto y su abuelo, de una relación más de amistad que de parentesco, de secretos y confidencias, de una vida y su modelo a seguir. No os voy a engañar, este relato está lleno de referencias a mi vida y el abuelo protagonista está basado en mi abuelo, Antonio, a quien dedico el relato, pero no es un cuento autobiográfico. Cuando alguien empieza a escribir lo hace sobre lo que conoce, que es su vida, para luego ir aprendiendo a mentir, a crear nuevos mundos, personajes y situaciones, pero, en el fondo, siempre la experiencia del escritor es parte importante en el proceso creativo. Por eso que nos pasan siempre cosas tan raras a los escritores.

Después llega La generación más preparada de la historia, un cuento más extenso y que nació tras leer La capital del mundo de Hemingway, que ya os he mencionado antes. Hemingway nos mostraba una Madrid en la que la tauromaquia era el centro de muchísimas historias que se enlazaban y que, al final, nos dejaba un amargo sabor de boca. En La generación más preparada de la historia, parto de una situación que muchos de nosotros, más de los que me gustaría, estamos viviendo y que es la inmigración. Tantos esfuerzos, tanto trabajo para que, al final, tener que dejar a nuestras familias, amigos, vidas, para poder buscar un futuro mejor en otro país. Una familia, los Manzanares, de cinco miembros, y un horrible suceso. Y hasta aquí puedo contar.

El tercer relato es Mataré un ruiseñor, un relato complicado a priori pero que, en realidad, es un catálogo cultural a mi gusto. Cuando acabé el Máster, mis amigos y yo ideamos un blog para que, entre todos, pudiéramos darnos a conocer los unos a los otros y cada X tiempo nos tocaba subir un relato, un poemita o cualquier otro tipo de texto. Una de estas veces, cuando llegó mi turno, no tenía nada preparado y me levanté del escritorio, fui a mi estantería de libros y me quedé cinco minutos mirándolos, en busca de la serendipia. Y ésta llegó y nació un relato de amor y literatura fuerte y lleno de referencias a mis obras favoritas.

Después llega Las luces de Navidad. ¿Sabes una cosa? Cuando revisé la antología, antes de mandara a las editoriales, me di cuenta de algo: me encanta la Navidad. Y no es que antes no lo supiera, es algo más que eso. En éste libro, la Navidad es punto importante en, al menos, 3 de los relatos. Las luces de Navidad es un relato de saltos temporales en el que el narrador cuenta la historia de la protagonista, de quien está enamorado. Él se gana la vida escribiendo para un periódico y ella es una prostituta atrapada por su trabajo. Si este relato está aquí es por la declaración de amor que el narrador hace y que, al final, te hace descubrir que todo el relato es simplemente eso, una declaración de amor.

El quinto relato es bastante especial. El búlgaro es un relato que escribí en mis primeros compases por tierras inglesas, cuando viví allí en 2016 durante cinco meses y va dedicado a la persona más importante para mí en aquella estancia: mi amigo Andriyan, el cocinero. De éste relato puedo decir que sí, que es fiel a la realidad, que todo fue tal y como lo cuento y que, además, si está aquí es por un motivo crucial, ya que no es uno de mis mejores relatos, ni mucho menos. El búlgaro estuvo en mi blog personal durante varios meses, hasta que decidí juntarlo a otros para formar esta antología, y, un día, revisándolo, encontré un comentario de un escritor que me había encontrado gracias a una plataforma de Internet llamada “Sttorybox” y que gustaba de mis relatos. En el comentario, éste usuario me dijo que, aunque este relato no era ni de lejos uno de mis mejores, destacaba entre todos por la sinceridad que había en él y que, por eso, merecía una mención importante en mi carrera.

Tiempo muerto es, de lejos, el relato del que más orgulloso estoy. También nació en el Máster, tras una lectura en la que Edgar Allan Poe explicaba cómo había escrito El cuervo. Él decía que lo más importante era encontrar lo que queríamos transmitir con el texto y, después, armarlo todo alrededor de dicha idea. Tiempo muerto es un relato duro, lleno de símbolos, en el que un niño inocente destapa la dramática historia de Eduardo, el bedel del cementerio al que todos llamaban “el enterrador”.

Ya he dicho que hay dos relatos que van con dedicatoria, pero hay otro, y ese es El hábitat de las orcas blancas, dedicado a mi primo, Sergio, con el que he crecido y he compartido muchos de los más importantes momentos de mi vida. Carlos es un chico que vive en Madrid y trabaja desde bien temprano en una cafetería. Aitor, su primo, es un joven escritor que va a la gran ciudad a presentar su primera novela y, además, a pasar tiempo con su primo. Madrid es una ciudad enorme pero, en El hábitat de las orcas blancas, lo único que importa entre todo ese gentío es Carlos para Aitor y viceversa.

Después de éste llega Relato 21, un cuento que escribí para celebrar San Valentín en el blog que compartía con mis compañeros y amigos del Máster. Su nacimiento es parecido al de Mataré un ruiseñor, pues cuando llegó el momento me encontraba bloqueado y no sabía qué escribir, por lo que me ayudé de una de las técnicas que habíamos ensayado en el Máster: iniciar un diálogo con algún tipo de conflicto y dejarse llevar. Y así fue. El protagonista está intentando escribir un relato de amor pero no le sale y su ayudante tampoco le está siendo de mucha ayuda, y hasta aquí puedo leer. Relato 21 es uno de los relatos más breves pero quizás el más intenso de todos.

Milena tiene muchos trazos de Las luces de Navidad. Un hombre, el protagonista, se encuentra en el entierro de su madre cuando conoce a Milena y, a partir de ahí, nace una historia de amor tóxica, con regresos de fantasmas pasados y un final escalofriante.

El décimo relato se llama Un poema asesino y, sí, tiene como momento álgido la Navidad. Imaginad un pueblo, un pueblo normal, de los de verdad, de en los que todo el mundo se conoce, en los que los veranos parecen no tener fin, de esos a los que gusta ir a quienes se han pasado la vida entera viviendo en una ciudad. Un pueblo como este, el nuestro. En el pueblo del relato, de repente empiezan a sucederse una serie de muertes en circunstancias sospechosas. Todo el pueblo está aterrorizado y, además, aparece un personaje extraño que dice ser detective y que enciende aún más el ambiente. Un relato que, como me dijo una amiga muy querida, habla de muertes en serie pero que, a la vez, es tremendamente entrañable.

Eva es el penúltimo relato y Eva es la protagonista del mismo, una chica cansada de sufrir en silencio y que rompe todas las cadenas para poder avanzar. Éste es un relato muy íntimo y de formas elegantes en el que cuento una historia que, en realidad, no tiene nada de inusual.

Y, por fin, llegamos al relato final, el que da título al libro. Y no es casualidad que lo haya acompañado de un fragmento de mi relato favorito, El Aleph de Borges, pues Para escribir cuando no estés es la culminación a esta obra. Mentiría si dijera que es el último relato que escribí, porque no es así, o que es el mejor relato que he escrito nunca, porque tampoco creo que lo sea, pero sí que es el relato que debe cerrar esta obra. En Para escribir cuando no estés, hablo de la soledad, de corazones rotos y de la escritura, tres temas que se han repetido constantemente a lo largo de toda la antología. Éste relato lo tenía en mi cabeza meses antes de escribirlo, sabía cómo quería que se llamara y de qué quería escribir en el mismo, pero hasta que no estuve preparado no lo escribí. De hecho, nació casi sin querer, una noche que, en mi periplo por tierras inglesas, mirando por la ventana de la cocina del lugar en que vivía, decidí empezar a escribir algo, algo que mutó hasta convertirse en el relato que llevaba tanto tiempo queriendo escribir.

El título del relato y también del libro surge de una canción del grupo Supersubmarina. Una deliciosa canción llamada Para dormir cuando no estés y que me persiguió durante mucho tiempo: me despertaba con ella en la cabeza, soñaba con ella de fondo… Y es que es una canción excepcional, de esas que todos los grupos tienen y que solamente son especiales para algunas personas.


La página promocional del libro es la siguiente: http://javierpavonamo.donbuk.com/

Para su compra en físico, en la página oficial de Donbuk: https://www.donbuk.com/producto/para-escribir-cuando-no-estes-javier-pavon-amo/

Para su compra en ebook, en la página oficial de Donbuk: https://www.donbuk.com/producto/escribir-cuando-no-estes-javier-pavon-amo-ebook/

También está disponible en otras plataformas:




Y también en Argentina:






También estará disponible próximamente en Amazon.




Y, a continuación, os dejo el BookTrailer de Para escribir cuando no estés: